Ganadora del VII Premio Nacional de Librería


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Compartimos el discurso con el que recibimos el VII Premio Nacional de Librerías. Estamos profundamente agradecidos.

Discurso para recibir el VII Premio Nacional de Librerías en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara en diciembre de 2014

Hace apenas una semana o dos, en los National Book Awards, la escritora Ursula K. Le Guin —al recibir el reconocimiento por su larga trayectoria de manos del gran escritor de literatura infantil y juvenil Neil Gaiman— decía: “Me parece que se acercan tiempos difíciles […] Necesitaremos autores que recuerden la libertad. Poetas, visionarios, los realistas de una realidad más grande […]. Necesitaremos escritores que sepan la diferencia entre la creación de un producto de mercado y la práctica de un arte.”

Y, como librera, agregaría que necesitamos también los espacios que promuevan a estos poetas y visionarios, espacios que también nos recuerden y faciliten la libertad y la posibilidad. Al ver los valientes proyectos que están haciendo autores, ilustradores y editores en las editoriales independientes de México y de otros países, nos damos cuenta de que necesitan espacios de exhibición dignos de la tareas que cada uno de esos libros implica, que necesitan que los libreros seamos capaces de servir como mediadores y promotores de esa literatura con los niños, jóvenes y adultos que se enfrentan por primera vez a estos textos tan ricos, complejos y desafiantes.

Abrir y mantener viva una librería no es una tarea fácil, como lo sabemos bien todos los que estamos reunidos aquí. Agradecemos profundamente al INDELI, a la FIL y a todo el jurado de este premio por este reconocimiento, que se otorga además en un momento en que existen pocos apoyos para las librerías independientes de México. Es un honor para nosotros que apuesten por nuestra visión y pasión, y recibir ese voto de confianza por parte de nuestros colegas. Nos parece loable que una librería pequeña y con una trayectoria aún breve pueda aspirar a un premio como éste y ser evaluada a la par de otros espacios. Qué gran oportunidad, y qué gran esperanza para otras librerías como la nuestra.

Muchas personas han dejado su huella indeleble en este proyecto: los jóvenes que trabajan con nosotros: Susy, Celso, Ana; nuestros compañeros de aventura que se arriesgaron a poner una deliciosa cafetería en este espacio: Gabriela, Celestino, Antonio, Graciela; los cuentacuentos y talleristas que han pasado por aquí, que se acercan a nosotros y proponen y generan una infinidad de actividades creativas, accesibles y asombrosas para nuestros niños; a la vibrante Diana, quien se encarga de nuestras ferias. Debemos agradecer también a todos los escritores, ilustradores y editores que han venido a presentar sus libros en Catarina Marina, a las valiosísimas y admirables personas que trabajan en proyectos de cultura en Morelos y con quienes hemos tejido redes culturales que esperamos sigan creciendo más y más, y a las escuelas y maestros que nos confían sus ferias del libro.

De nuevo, queremos agradecer —no puedo dejar de subrayarlo lo suficiente— muy en especial a las exquisitas, audaces, tenaces y soñadoras editoriales independientes mexicanas. Sin ellas, sin su apuesta por proyectos que son igual de idealistas que los suyos, nuestra librería no existiría. Es un verdadero orgullo y placer contar con sus catálogos en nuestro fondo. Y, por supuesto, a todas las editoriales, grandes y pequeñas, que nos han apoyado de tantas maneras en esta aventura, proporcionándole gran diversidad y un amplio espectro de propuestas literarias y estéticas a nuestra librería, y que por medio de claras prácticas y políticas editoriales muestran la importancia que le dan a la existencia y supervivencia de las librerías como espacios fundamentales para la venta de libros.  A ustedes, gracias.

Nos queda muy claro que este premio le pertenece a la comunidad que nos rodea, que nos busca y que conscientemente decide comprar en nuestra librería porque quieren apoyar su supervivencia, y que tienen la confianza de que este es su espacio y que pueden proponer y construir junto con nosotros, para seguir proporcionando diversidad comercial y cultural a nuestra ciudad de Cuernavaca.

Para nosotros, las librerías tienen que ser espacios activos de fomento a la lectura. Por supuesto, tenemos que crear un modelo de negocios viable, que nos permita sobrevivir frente a las nuevas tecnologías y los nuevos modelos de venta y lectura virtual. Sin embargo, como libreros, debemos buscar hacer más: hacer que la lectura forme un puente entre generaciones; ser curadores que eligen y construyen diferentes rutas y propuestas literarias; diversificarnos, especializarnos, conocer a fondo nuestros libros y los mundos con los que se relacionan; buscar la manera de que el lector encuentre al libro, y que el libro encuentre al lector;  tenemos que hacer que la visita a la librería se transforme en una experiencia en sí; debemos ser un ancla para la comunidad, un “tercer espacio” poético y literario que participa en la creación de comunidades tangibles.

Mis hermanos y yo tuvimos el privilegio de crecer en una familia donde los libros son verdaderos tesoros. No hay memoria que me conmueva más que la de mi familia y su relación con los libros. Los pedíamos para Navidad y para cada cumpleaños. Al viajar en avión, cuando todavía podías cargar kilos y kilos de libros en maletas atiborradas a más no poder, desde muy pequeños ya éramos expertos en el arte de fingir que cargábamos valijas que no pesaban absolutamente nada. Nuestro padre gastaba cada centavo en libros de matemáticas de la editorial Springer-Verlag. Nuestra madre nos llevaba a las bibliotecas de la embajada de Canadá, a la de Inglaterra, a la de su pueblo natal en Saskatoon. El amor de los padres por los libros es, sin duda, una de las principales rutas de entrada al amor por la lectura. Con padres como los nuestros, esa ruta tenía que desembocar en una aventura como ésta. A ellos, nuestro más profundo agradecimiento.

Y, claro, quiero mencionar a Tristán, mi niño que cuando tenía cinco años, viendo la preocupación de su madre de que no llegaran los libros a tiempo para la inauguración de la librería, se puso a ilustrarlos y, como no sabía escribir, a dictárselos a su tío, para que no hiciera falta nada; es el niño que, después de leer un libro sobre el rey poeta, Nezahualcóyotl, escribió el poema quedaría nombre a nuestra librería: Catarina Marina. Este nombre se volvería a su vez nuestro homenaje a la poesía que brota de manera espontánea de cada niño, y que hay cultivar y regar en cada espacio que se pueda.

Nuestra ilusión es que todos los niños tengan esa oportunidad que tuvimos nosotros de relacionarse con los libros. Así, este premio se lo dedicamos, por supuesto, a los niños y jóvenes de México, que tanto nos necesitan hoy en día. Sentimos que los niños y jóvenes tienen cada vez menos espacios de reflexión y tranquilidad, menos maneras de encontrar una voz propia, explorar su propia historia y construir sus propias nociones estéticas, y creemos firmemente que estos espacios —bibliotecas, cinetecas, librerías, centros culturales, y tantos más, todos necesarios— permiten tejer redes, establecer vínculos con otros, ser semilleros de proyectos, descubrir universos y desarrollar alternativas creativas a los problemas que nos acechan en el mundo que nos rodea. Son espacios seguros, espacios de construcción y reconstrucción, donde aprendemos a leer y escuchar opiniones radicalmente distintas a las nuestras. Son espacios para construir democracia y ciudadanía, y que nos enriquecen como individuos y seres sociales.

Desde nuestro minúsculo espacio, queremos darles a los jóvenes ese lugar de reflexión y paz, ese primer puerto seguro desde donde dialogar, conversar, debatir, pensar y, por qué no, escapar, por medio de la literatura. Nos toca a nosotros, a los adultos —a todos— defender estos espacios a capa y espada. Nos toca aligerar el terrible peso y responsabilidad que posamos sobre los hombros de los jóvenes una y otra vez. Nos toca ayudarles a levantar la voz y exigir sus derechos sin temor. Nos toca ser valientes, como lo son ellos, y también acompañarlos en la construcción de lugares donde podamos imaginar, solos o entre todos, otros futuros posibles.

Agradecemos la oportunidad de hacer que permanezcan y crezcan estos espacios, no importa qué tan pequeños, donde en los tiempos difíciles, como decía Ursula Le Guin, se pueda siempre recordar la libertad.

Muchas gracias.

 

 

Comunicado FIL 2014-10-16 a la(s) 9.35.51 PM

 

Caniem - palabra de librero 2014-10-20 a la(s) 3.57.10 PMAristegui 2014-10-18 a la(s) 10.42.19 PM

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