La librería: ¿una especie en extinción?


En todo el mundo, la librería es una especie en extinción. En México, en especial, son de efímera existencia. Más allá de la inflación, altos costos y desafiante situación económica en la que se encuentran todos los negocios, culturales o no, las librerías —incluso las más establecidas— han tenido que enfrentar una situación particularmente compleja: la ausencia de lectores, la abrumadora avalancha de medios electrónicos, la falta de una política cultural clara que las beneficie, y la competencia de plataformas de distribución electrónica (tiendas en línea).

 

Cuentacuentos

 

Por si fuera poco, habría de considerar el desalentador panorama que presenta Marcelo Uribe, director editorial de Ediciones Era, en su artículo “El acceso al libro y el precio único” (2006):[1]

“Si sacamos un promedio de la variada información que proporcionan el Cerlalc (Centro Regional  para Fomento del Libro en América Latina y el Caribe), la Asociación de Libreros Mexicanos, la Cámara de la Industria Editorial Mexicana, y algunas fuentes independientes como el Grupo Noriega y otras, podemos decir que en nuestro país, con más de 100 millones de habitantes, existen aproximadamente 500 librerías. […] Todos sin excepción coinciden en que se ha reducido el número total en años recientes y que conservadoramente en la última década han desaparecido al menos un 30 o 35% del número total de librerías. […] La venta directa del libro de texto a las escuelas por algunos de los grandes editores es una de las causas determinantes de la desaparición de librerías. Las guerras de descuentos, con el desbalance y la concentración que desencadenan, son también determinantes”.

Uribe observa que además, según el Grupo Noriega, en verdad éstas ni siquiera llegan a las 500: “en realidad son 400 librerías, y de esas solo 366 venden libros, y de esas, solo 151 son clientes constantes y realizan sus pagos más o menos oportunamente”. Peor aun, “40% de nuestras librerías está en el Distrito Federal (que tiene sólo el 18% de la población del país) y la mitad de los estados de la república cuenta con apenas una o dos librerías,” prosigue Uribe, y concluye tajantemente: “En estas condiciones, cualquier programa de fomento a la lectura, cualquier buena voluntad al respecto está destinada al más rotundo fracaso, pues el libro no está al alcance de la población.”

Así, la librería tiene un innegable (aunque intangible) valor cultural que, desafortunadamente, ha sido menospreciado por mucho tiempo en nuestro país. Una tras otra, desaparecen tan campantes, sin que nadie parezca notar su ausencia, o considere la posibilidad de su existencia. Pese a su condición tan atípica y única, las librerías son consideradas como un negocio como cualquier otro, al que no se le ofrecen subsidios ni categorías fiscales especiales, a diferencia de países como Francia, con una efervescente industria editorial y alrededor de 3,000 librerías independientes apoyadas de fuertes incentivos.[2] No obstante, como recordó el escritor Alberto Ruy Sánchez en su discurso en ocasión de la promulgación de la Ley de Fomento a la Lectura y el Libro en 2008, ignorar la condición atípica y única de las librerías acarrea consecuencias inusitadas:

La industria del libro es una industria de la oferta más que de la demanda. Y esa oferta se da en unos centros culturales que llamamos librerías, que son mucho más complejos que un simple punto de venta. Y que para hacerlo requieren una enorme diversidad de títulos inimaginable en cualquier otro tipo de comercio y, muy importante, un tiempo de venta mucho más largo, que permita la cercanía física y azarosa del lector con los libros que no sabía que va a necesitar. Hechos de miles de palabras que extrañamente nos tocan cuando por azar los abrimos. Pero si seguimos tratando al libro comercial y fiscalmente, sobre todo, como cualquier otro producto, el libro perderá, entre otras cosas, su diversidad natural y se parecerá a otros productos; tendremos sólo libros salchichas y libros zapatos que serán malas salchichas y malos zapatos.[3]

Conscientes de todos estos riesgos y dificultades, decidimos abrir esta pequeña librería. Por un lado, creemos que en todo México faltan opciones para niños que los permitan escoger múltiples maneras de formar una relación permanente con la lectura, y que la lectura les dará, entre tantas cosas, placer, imaginación, información, conciencia, formas de cuestionar y herramientas para la vida; pero además, estamos convencidos de que la librería como espacio físico tiene un papel fundamental en la creación de lectores, especialmente la librería dirigida a niños.[4]



[1] Marcelo Uribe, “El acceso al libro y el precio único”,  Pensar el Libro, cerlac-unesco, no 4, agosto, 2006. http://www.editoresindependientes.com/informacion/el-acceso-al-libro-y-el-precio-unico.pdf.

[2] “French-style tax breaks are not the way to save the UK’s small bookshops”, Philip Jones, The Guardian, 8 de febrero de 2012. http://www.guardian.co.uk/commentisfree/2012/feb/08/french-model-tax-breaks-bookshops. Consultado en línea el 20 de mayo de 2012.

[3] “Discurso de Alberto Ruy Sánchez durante la ceremonia de la promulgación de la Ley de Fomento a la Lectura y el Libro”, 23 de julio de 2006, http://www.leydellibro.org.mx/ruysanchez_discurso.shtml. Consultado en línea el 20 de mayo de 2013.

[4] Según la Encuesta Nacional de Lectura 2012, “se encuentra una estrecha relación entre haber recibido como regalo libros por parte de padres y familiares y el gusto por la lectura. Casi cuatro de cada 10 de los entrevistados (39.5%) que recibían frecuentemente libros como regalo declaran que les gusta mucho leer, mientras que entre quienes nunca recibieron libros regalados la proporción es sensiblemente menor (10.4%). Igualmente, sólo 1.5% de quienes recibieron libros con frecuencia declaró que no les gusta la lectura, comparado con 20.2% de quienes nunca recibieron libros de regalo.” Consultada en http://www.miguelcarbonell.com/artman/uploads/1/ENL_2012.pdf.

Leave a comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *