Premio México Lee 2013: Mención Honorífica


Estamos revisitando algunos textos mientras hacemos solicitudes de apoyo por varios lados para seguir desarrollando nuestras actividades de animación a la lectura.
Este es el texto que enviamos para el premio México Lee 2013, donde obtuvimos Mención Honorífica. Los datos son de ese año.

 

De Catarinas Marinas, librerías y otras criaturas improbables

 

Sección A

Hasta el día de hoy, mi hermana y yo somos rivales por el título de Poseedora Legítima de nuestra vieja colección de cuentos de hada rusos. Ella, la mayor, aprovechó algún momento de despiste general o de mudanza intercontinental y logró empacarlos todos en una caja. Y ¡puf!, se esfumaron como por arte de magia. No los volví a ver hasta muchos años después, tantos que casi me había olvidado de su existencia. Estaban perfectamente acomodados en uno de los libreros que recubren prácticamente cada centímetro de su casa. Se trataba de la sección que ella definía como la de “libros infantiles” y yo, en cambio, percibía como la de “cuentos incautados” o, cuando ya comenzaba a ponerme de mal humor, la de “recuerdos robados”. En esa ocasión, aquella discusión que hace tanto no teníamos podría haberse transformado en un duelo a muerte, de no ser que interviniera mi cuñado y nos mandara a nuestras respectivas esquinas mientras se calmaban las aguas.

Sigo pensando que esos libros –por más nebulosas que sean las imágenes que flotan en mi memoria– fueron instrumentales en mi amor por la lectura. Quizás las razones de fondo eran banales. Quién sabe si lo que me atraía era saber que mi nombre era ruso, como los de esos cuentos, lo que en el fondo me daba más derecho a tan reñido título. O los tonos morados y verdes y rojos y dorados de las ilustraciones. O las brujas y los calderos, las llaves y los cofres de oro, las princesas en los bosques nevados y los lobos listos para devorarlas en cualquier momento. Posiblemente era por el lado oscuro que palpitaba debajo de cada historia, o las palabras suaves que, al pronunciarlas, susurraban como el viento entre los árboles.

Hace tres años y medio, decidí abrir una librería para niños en mi ciudad adoptiva, Cuernavaca, Morelos. Son muchas las razones que me llevaron a hacerlo. Un hijo de 5 años que de repente leyó, de la nada y por primera vez, todo el paquete de tarjetas de la Lotería, sin excluir a “El Borracho” ni a “El Valiente”. Una biblioteca personal que he arrastrado de un lugar a otro, cinco países incluidos. La ilusión de volver a toparme con nuevas ediciones de esos cuentos que guarda mi hermana (¡y que nomás no suelta!), publicados en la URSS, en otro siglo y otras condiciones. Vivir rodeada de libros, inmersa en el avainillado aroma a papel añejo y tinta. Enseñar a las manitas sucias y pegajosas a tocarlos, y a los ojos a abrirse con cada página nueva.

Pero, quizás más que todo, lo que me impulsó en esta aventura desquiciada, fantástica, apabullante y alucinante es que no hay memoria que me conmueva más que la de mi familia y su relación con los libros. El recuerdo de pedirlos para Navidad y para cada cumpleaños. Los viajes en avión, cuando todavía podías cargar kilos y kilos de ellos en las maletas atiborradas a más no poder. Mi padre, que invertía cada centavo en textos de matemáticas de la editorial alemana Springer-Verlag. Las visitas con mi madre a la biblioteca de la embajada de Canadá, a la de la ciudad de Lille, a la de Saskatoon. Mi tatarabuela  pionera (de esas que atravesaron el vasto territorio norteamericano con todas sus pertenencias en una carreta con rumbo al oeste), quien a los doce o trece años escribió su diario mientras buscaban un lugar donde construir por primera vez un hogar en ese inmenso espacio de horizontes infinitos –esa colección de memorias que se publicarían después, y que su nieto, mi abuelo, me regalaría una y otra vez, en una entrañable combinación de entusiasmo y falta de memoria que entiendo muy bien.

Tengo uno de esos libros conmigo –los demás ejemplares se repartieron entre la familia– y será algo que heredaré a mis hijo, y espero que él, a su vez, a los suyos.  Siempre pensé que todos debemos tener uno, o dos, o muchos libros así, “de familia”, en nuestras manos: el libro que el abuelo le dio a la abuela en un arranque sentimental; el que nos gustaba tanto que tuvimos que robárselo a algún hermano para poder tenerlo en nuestros estantes; o, mejor aún, ese libro que leíamos en el regazo de nuestros padres, ese primer cuento que nos atrapó en las redes de su historia o sus ilustraciones, ese libro que nos rehusamos a regalarle a alguien más o el que queremos que todo el mundo lea a como dé lugar. Y, por supuesto, esos cuentos de hadas y cuentos mágicos que tantas pasiones despiertan, y la preciada y anticipada discusión que siempre podrán generar en familia.

Sin embargo, ese libro de papel –el libro con sus aromas y sus rayones, con la historia que carga como objeto, más allá de las historias que relata entre sus páginas; el libro que lleva inscritos los nombres de sus dueños pasajeros y las huellas de sus lectores, que adorna nuestros libreros y le dice a las visitas quiénes y cómo somos o nos gustaría ser; el libro que nos exige un cuidado y una selección precisa si queremos encontrar el perfecto para regalarle alguien especial (y decirle, sin decirlo, las maneras en que tenemos una esencia compartida)– ese libro impreso y tan valioso está en una encrucijada histórica. Parece que en cualquier momento podría esfumarse de nuestras manos, sin que reaparezca en el estante de algún amigo o pariente cleptómano, y sin que nuestros niños lo hayan llegado a conocer.

El libro como lo conocimos hasta hace pocos años está en un proceso de transformación radical. Así, cuando decidimos abrir la librería en noviembre de 2009 (mi hermano, Alberto Verjovsky Paul; otro amigo, Germán Gallegos López; y yo, Sonia Verjovsky Paul) fue con la vaga conciencia de que en todo el mundo, la librería es una especie en extinción, y que el nuestro era un proyecto al que subyacía una especie de fervor proselitista por convertir a los demás en bibliófilos empedernidos, combinada con una buena dosis de nostalgia, idealismo e ingenuidad.

En México, en especial, las librerías son de efímera existencia. Más allá de la inflación, altos costos y desafiante situación económica que enfrentan todos los negocios, las librerías –incluso las más establecidas– están en una situación particularmente compleja: la ausencia de lectores, la abrumadora avalancha de medios electrónicos, la falta de una política cultural clara que las beneficie, y la competencia de plataformas de distribución electrónica y tiendas en línea.

El panorama es negro. Hace poco leí un texto de Marcelo Uribe, director de la editorial Era, donde citaba estadísticas devastadoras: en nuestro país existen solo 500 librerías para más de 100 millones de habitantes, de las cuales en realidad sólo 366 venden libros y solo 155 realizan sus pagos a las editoriales y distribuidores; 30 o 35% de las librerías han desaparecido en la última década; 40% están en el Distrito Federal, que tiene solo 18% de la población del país. Uribe concluía su artículo tajantemente: “En estas condiciones, cualquier programa de fomento a la lectura, cualquier buena voluntad al respecto está destinada al más rotundo fracaso, pues el libro no está al alcance de la población.”

La librería, en su quijotesco intento por poner el libro al alcance de la población, tiene un innegable (aunque intangible) valor cultural que, desafortunadamente, ha sido menospreciado por mucho tiempo en nuestro país. Una tras otra, desaparecen tan campantes, sin que nadie parezca notar su ausencia, o considere la posibilidad de su existencia. Pese a su condición tan atípica y única, las librerías son consideradas como un negocio como cualquier otro, al que no se le ofrecen subsidios ni categorías fiscales especiales, a diferencia de países como Francia, con una efervescente industria editorial y alrededor de 3,000 librerías independientes apoyadas de fuertes incentivos.[1] No obstante, como recordó el escritor Alberto Ruy Sánchez en su discurso en ocasión de la promulgación de la Ley de Fomento a la Lectura y el Libro en 2008, ignorar la condición atípica y única de las librerías acarrea consecuencias inusitadas:

La industria del libro es una industria de la oferta más que de la demanda. Y esa oferta se da en unos centros culturales que llamamos librerías, que son mucho más complejos que un simple punto de venta. Y que para hacerlo requieren una enorme diversidad de títulos inimaginable en cualquier otro tipo de comercio y, muy importante, un tiempo de venta mucho más largo, que permita la cercanía física y azarosa del lector con los libros que no sabía que va a necesitar. Hechos de miles de palabras que extrañamente nos tocan cuando por azar los abrimos. Pero si seguimos tratando al libro comercial y fiscalmente, sobre todo, como cualquier otro producto, el libro perderá, entre otras cosas, su diversidad natural y se parecerá a otros productos; tendremos sólo libros salchichas y libros zapatos que serán malas salchichas y malos zapatos.[2]

Así pues, como les decía: conscientes de todos estos riesgos y dificultades, decidimos abrir esta pequeña librería infantil y juvenil. Por un lado, creíamos que en todo México faltan opciones para niños que los permitan escoger múltiples maneras de formar una relación permanente con la lectura, y que la lectura les dará, entre tantas cosas, placer, imaginación, información, conciencia, formas de cuestionar y herramientas para la vida. Además, estábamos convencidos de que la librería como espacio físico tiene un papel fundamental en la creación de lectores, especialmente la librería dirigida a niños.[3] A pesar de la llegada del e-book, los libros tradicionales nos generan una reacción emocional e inmediata, en particular los libros hermosos, bien hechos, ilustrados o no, con papel que da gusto acariciar, y cuando tenemos mirada de niños, nos tocan en lo más profundo de nuestro ser.

Por otro lado, nuestra decisión no podía ser meramente idealista, pues teníamos que considerar la viabilidad de un proyecto así. Para la tristeza de todos, apenas unos meses antes, la librería Colorines había cerrado sus puertas en nuestra ciudad, en el Distrito Federal y en Xalapa, y escuchábamos de otras librerías que cerraban poco a poco. ¿Podría el nuestro transformarse en un proyecto que nos permitiera ganarnos la vida al mismo tiempo que nos daba inmensa satisfacción? ¿Qué tan sustentable podía ser? ¿De verdad era el momento  y el contexto ideal para abrir una librería, con una crisis económica mundial sin precedentes, la entrada masiva del e-book, los insidiosos tentáculos de Amazon que se introducen en cada rincón del mundo, el hecho de vivir en un país sin lectores, y todo eso mientras leíamos la crónica de la muerte anunciada del libro de papel y escuchábamos hablar del mundo “post-librería”?[4]

Escuchábamos claramente el repicar de los cascos que anuncian la llegada  de los jinetes del Apocalipsis editorial, pero también estábamos conscientes de que la librería infantil y juvenil ofrecía un nicho (ay, esa palabra que tanto les gusta a los mercadólogos) importante y poco aprovechado: sabíamos que uno de los pocos segmentos de crecimiento en la industria editorial es, precisamente, el de la literatura infantil (el año en que abrimos la librería, 2009, la producción de literatura juvenil e infantil en México representó 15% de la producción editorial nacional total),[5] pero que los editores se ven limitados en las ventas a librerías debido a la falta de espacios físicos dedicados a su venta (la sección infantil tiende a ser pequeña y apretada), a vendedores poco capacitados en el área infantil en particular, y al hecho de que simplemente no hay suficientes librerías. (Mientras que en Noruega hay una librería por cada 8 mil habitantes y en Costa Rica hay una por cada 27 mil, en México tenemos una librería por cada 250 o 300 mil habitantes.)[6]

Una librería especializada en niños podría ser la manera idónea de brindar un espacio para dar a conocer los nuevos títulos en producción por editoriales de todos tipos y tamaños, donde hubiera una relación simbiótica entre las editoriales mexicanas y nuestro foro cultural. (¡Qué mejor que promover estos fantásticos proyectos editoriales hechos en México que no tienen salida al mercado!) Además, al especializarnos en esta literatura, podríamos dar recomendaciones puntuales a los clientes; y, al desarrollar un lugar específicamente para el público infantil y juvenil, estaríamos ofreciendo algo que, por cuestiones de espacio, pocas otras librerías pueden proporcionar.

Cuernavaca, nuestra ciudad adoptiva, nos pareció el lugar ideal para iniciar este proyecto. Es una ciudad repleta de productores culturales de todo tipo, muchos oriundos de aquí, otros más llegados de ciudades como el Distrito Federal y de todo Morelos; es uno de los lugares escogidos por jóvenes que buscan alejarse de la ciudad de México para criar a sus hijos; los que hemos llegado de fuera hemos podido instalarnos en un lugar privilegiado por su naturaleza y espacios culturales; es una ciudad lo suficientemente pequeña como para poder aprovechar y generar vínculos con otros productores locales, y usar el boca a boca como una manera de hacer promoción de este nuevo espacio. Al mismo tiempo, su cercanía al Distrito Federal nos permite traer libros y acercar a otros autores y talleristas a la librería, sin que suban en exceso los costos, a la vez que podemos dar a conocer este espacio cultural de Cuernavaca en esos otros lugares, especialmente gracias a nuestro uso de medios electrónicos para promover nuestras actividades.

 

Sección B

LA HISTORIA DE LA CATARINA MARINA

 

Catarina Marina es una librería infantil y juvenil independiente que apenas cumplió tres años y medio, y en ese breve lapso se ha transformado en un espacio cultural de referencia para niños, jóvenes y padres de familia de Morelos, a tal grado que fue galardonada con el primer Premio Morelos a la Empresa Cultural 2012, otorgado por el Instituto de Cultura de Morelos, la Secretaría de Economía y CONACULTA.

La librería Catarina Marina es además un espacio innovador y de fomento a la lectura que pone a la venta libros selectos para niños y jóvenes y libros ilustrados de calidad para adultos. Por medio de la atención personal de los dueños, quienes conocemos muy bien todo nuestro material, y en un espacio agradable, casero y acogedor, hacemos recomendaciones según las necesidades de cada niño o niña. Tomando en cuenta las preferencias de los padres, buscamos apoyar las elecciones de lectura tanto de niños como de adultos a su alrededor, al mismo tiempo abriendo un nuevo universo de posibilidades literarias.

Esta librería nació con la ilusión de crear un espacio mágico especial para los niños y jóvenes que comienzan a descubrir los universos infinitos de la literatura, pero también para el adulto que, inevitablemente, se reencuentra en los libros que leyó –o que hubiera querido leer– en su infancia. (Hay una mamá que viene de Cuautla una vez al mes, y se lleva pilas de libros; me sorprendí al saber que ella antes no leía nada, pero que al tener hijos, y después al descubrir nuestra librería comenzó a leer lo que leían ellos, y se enganchó en poco a poco en todos los clásicos de la literatura…) Tenemos una selección de más de siete mil títulos a la venta para todas las edades, incluidos libros ilustrados para adultos y novela gráfica. Estamos ampliando constantemente nuestro fondo y agregando, entre otras cosas, más títulos para jóvenes y libros de educación para padres.

Los tres colaboradores, quienes tenemos amplia experiencia y contactos en distintas partes de la labor literaria, incluida la distribución, hemos tenido desde el inicio la preferencia por los libros no comerciales que buscan realmente provocar y abrir la imaginación, generar una relación significativa con los libros y proporcionar una experiencia estética profunda con el libro como objeto. Para esto nos ha ayudado establecer fuertes vínculos con editoriales mexicanas independientes que de alguna manera tienen un espíritu afín al nuestro (por ejemplo, Tecolote, El Naranjo, Nostra Ediciones, Cidcli, Ediciones Era, Libros para Soñar, Ediciones Malinalco, Textofilia, Ediciones Tumbona, Sexto Piso, el fondo editorial de la Secretaría de Cultura de Morelos, entre muchos otros), así como editoriales muy establecidas que tienen un gran acervo (Océano, SM, Alfaguara, Fondo de Cultura Económica) y editoriales selectas extranjeras que aportan nuevas visiones y diferentes estéticas (por ejemplo, Edelvives, Barbara Fiore, Editorial Juventud, Lóguez, Libros del Zorro Rojo, Norma).

También hemos buscado crear un espacio para autores y editoriales locales que no siempre encuentran la manera de vender o distribuir su material. Asimismo, hemos utilizado el espacio para hacer presentaciones de libros y lecturas con autores locales y cuentacuentos del estado de Morelos; aprovechamos la cercanía con el Distrito Federal para invitar a autores que vienen “de paso”, y hemos comenzado a hacer presentaciones de editoriales independientes.

En estos tres años y medio de trabajo, han subido las ventas y hemos logrado tener cada vez mayor alcance y proyección. Las repercusiones en la comunidad son claras, pues ya tenemos una clientela fiel y niños que piden venir todos los sábados a la sesión de cuentacuentos; las escuelas nos llaman para llevar material de calidad a sus ferias, y no hay día que pase sin que entre alguien nuevo a la librería y nos diga que quieren regresar muy pronto. Además, en un momento en que ha cambiado radicalmente la vida en Cuernavaca por cuestiones de seguridad, ofrecemos un espacio de paz, escape, sosiego, imaginación y posibilidades. Es una labor desafiante e implica muchos sacrificios, como tener varios trabajos a la vez mientras la librería llega a un punto de equilibrio, y buscar maneras de financiar actividades que nos ayuden a consolidar esta empresa cultural, mientras vemos mermar nuestros ahorros sin tener claro hasta qué punto sea prudente seguir adelante. Hasta el momento, ninguno de los tres socios cobra sueldo ni honorarios de ningún tipo. Hemos invertido tres años y medio y todos nuestros ahorros, además de préstamos personales. Según nuestras proyecciones, necesitaremos por lo menos dos años más para poder estar una posición más firme y empezar una nueva etapa de crecimiento. Por supuesto, la pregunta persiste: ¿podremos lograrlo a contramarea? Claro que sí. Basta con cerrar los ojos y repetir el deseo tres veces a la luz de la luna llena.

 

la librería como espacio estratégico
de fomento a la lectura

 

El interés de la librería Catarina Marina se centra en todos los aspectos relacionados con el libro infantil, un producto que abarca tanto el universo de la palabra como el de la imagen, desde la escritura y la hechura de libros hasta la lectura, la ilustración y el relato oral. Conscientes además de la relación compleja, profunda e intrínseca que existe entre el relato oral, la lectura en el regazo de los padres e incluso la actividad misma de escritura para poder fomentar un vínculo permanente entre los niños y los libros, a lo largo de estos tres años y medio hemos financiado a motu propio actividades culturales relacionadas con el libro (y con el papel) que van desde sesiones semanales de cuentacuentos hasta talleres de papiroflexia, desde presentaciones de libros hasta talleres de encuadernación y talleres para pequeños escritores,  pues nuestro reto es generar nuevos lectores constantemente (niños, jóvenes y también adultos), tanto en la librería como en las bibliotecas escolares en las que hacemos recomendaciones para la compra de libros.

Así, desde que abrió sus puertas, la librería Catarina Marina ha venido realizando actividades y talleres de diversa índole, de forma abierta, a costos muy accesibles, o de entrada libre y pagados por nosotros. Optamos por generar un espacio que ofreciera servicios distintos a las librerías comerciales de la zona o una experiencia alejada de las compras de libros por Internet, en donde además pudiéramos encauzar nuestros pocos recursos a otros productores culturales –cuentacuentos, talleristas, titiriteros– que a su vez le apuestan a la importancia de la cultura para regenerar el tejido social de nuestra ciudad, formando así una especie de red informal de promotores de la lectura en el sentido más amplio de la palabra. Todo esto, entre otras actividades que hace la librería como empresa cultural: llevamos libros a las ferias escolares del Municipio de Cuernavaca y a algunas en los municipios de Cuautla y Tepoztlán, así como la Feria Nacional de Literatura Infantil y Juvenil de Morelos; ayudamos en la selección de libros para uso individual o para escuelas y maestros; ofrecemos talleres y sesiones de cuentacuentos; tenemos un café pequeño que sirve pays y panes caseros, jugos, tés y un café chiapaneco muy bueno (y por convicción nos rehusamos a servir comida chatarra y refrescos), con la idea de ofrecer un espacio para relajarse, conversar, intercambiar ideas y acercarse al placer de la lectura desde múltiples perspectivas.

Para nosotros, la esencia de nuestro proyecto, que va de la mano de su éxito como empresa cultural, es considerar la librería infantil y juvenil como espacio estratégico para el fomento a la lectura. Por eso estamos presentando solicitudes a distintos fondos (FONCA, Fundación BBVA, etc.) que nos permita seguir específicamente con las actividades de fomento a la lectura, aumentando su calidad, frecuencia, variedad, cantidad y difusión, para seguir formando un espacio clave que está teniendo un impacto visible y directo sobre los niños, jóvenes y adultos del estado de Morelos, y para poder también generar un espacio nuevo de trabajo cultural remunerado para talleristas, animadores a la lectura, diseñadores y cuentacuentos de nuestro estado, basándonos en las actividades que hemos desarrollado en los últimos tres años y medio.

Estas actividades nos permiten acercar todo tipo de públicos a la librería y generar estas redes tan fundamentales para la supervivencia de los proyectos culturales. Cabe destacar, de manera muy especial, nuestros Sábados Cuenteros. Cada sábado, sin falta, a las 5 de la tarde, la librería contrata a diversos cuentacuentos profesionales para que desarrollen un espectáculo escénico de narración oral, gratuito al público, con una duración de aproximadamente una hora. En algunas ocasiones –por ejemplo para Día de Muertos o Día del Niño– hemos contratado a las compañías locales Errante Artes Escénicas o Mucho Circo para que monten un espectáculo teatral de mayor amplitud. En tres años y medio de existencia, hemos tenido alrededor de 181 sesiones de cuentacuentos, a las que asisten en promedio de 30 a 60 personas por sesión: ¡son entre 5,400 y 10,800 personas!

También hemos hecho presentaciones de libros de manera constante. Hemos contado con la presencia de Marcos Almada (autor de la serie Óscar el Tlacuache, de Editorial Progreso), Elena Dreser (autora nacida en Argentina y residente en Cuernavaca, galardonada de muchos libros publicados en diversas editoriales mexicanas y latinoamericanas) y Eduardo Carrera (Ediciones El Naranjo y Editorial Progreso), y aprovechamos la cercanía con el Distrito Federal para invitar a autores que vienen “de paso”, como Tamara Cohen,  María García Esperón, Karen Chacek, Juana Inés Dehesa, Milly Cohen y Horacio Ortiz. También hemos comenzado a hacer presentaciones de editoriales independientes, como fue el caso reciente de Textofilia ediciones (con la presencia del editor y autor Alfredo Núñez Sanz) y de Amaquemecan (con la presencia del editor y autor Juan José Salazar Embarcadero), así como el fondo editorial del Instituto de Cultura de Morelos y la editorial independiente morelense Lado B ediciones. Hemos tenido mucho apoyo adicional por parte de editoriales como Ediciones B, Cidcli y El Naranjo para llevar a cabo presentaciones o sesiones especiales de cuentacuentos.

Otra serie de talleres importantes que hemos desarrollado en Catarina Marina son talleres de animación a la lectura orientados a niños, jóvenes, padres de familia y maestros. En este rubro cabe destacar los talleres organizados en conjunción con Laura Swarcz, especialista argentina en el tema de la literatura infantil y la promoción de la lectura. Este año también comenzamos una serie de talleres con Walter Fehrmann, el “Canta Cuenta Cuentos”, con quien estamos desarrollando dinámicas de cuentacuentos, música y narración oral, dirigidos a maestros, padres de familia y niños de todas las edades.

Este último año hemos tenido una serie de talleres que ha dado una gran satisfacción (tanto a nosotros como al público asistente), organizados por La Tatema Estudio de Diseño Gráfico Multidisciplinario. En ellos, los niños aprendieron cómo elaborar un libro ellos mismos, a volverse autores e ilustradores de un álbum ilustrado, y una gran variedad de aspectos del libro, como el estampado y el cosido. La Tatema se disolvió recientemente, pero una de sus integrantes, Gabriela Esparza, sigue haciendo talleres con nosotros; recientemente ofrecimos con ella el taller “Autorretrato: Taller de Libro de Artista” para niños de 9 años en adelante, y estaremos ofreciendo uno parecido, dirigido a mujeres, durante el mes de julio de 2013.

Durante tres años se reunieron dos grupos para adultos el jueves y el viernes. El espacio se los proporcionamos gratuitamente. El taller del jueves estaba dirigido por Alejandra Atala y el del viernes por Patricia Abuxpaqui, poetas, críticas y escritoras reconocidas en el ámbito morelense. Por ahora cancelamos los talleres porque estamos planeando una serie de talleres en la mañana de jueves y viernes dirigidos a prelectores (en este caso menores de 4 años que todavía no asisten a la escuela) y sus mamás, y estamos desarrollando un Club de Lectores para niños de primero y segundo de primaria, así como un taller de locución de radio y un cineclub.

Otra actividad que desde un inicio se implementó fueron talleres semanales de papiroflexia y arte en papel, titulado Papeli-Titiri-Téteres. Esta actividad, orientada a niños de 5 años en adelante, no tenía costo, ya que la librería proporcionaba el papel, los materiales y la instrucción, a cargo de la licenciada en Artes Plásticas Susana Sarlis. Después de haber recibido el Premio Morelos a la Empresa Cultural 2012 formamos vínculos con otras empresas culturales que también participaron en la convocatoria. Este fue el caso de Alebrijes con Alma, una fantástica empresa cultural que vino a hacer una serie de talleres a precio muy accesible con niños y adultos durante varias semanas, y con quienes esperamos volver a trabajar pronto.

La librería además se ofrece de manera gratuita para las reuniones mensuales de la Liga de la Leche (LLL) grupo Cuernavaca, una organización internacional presente en más de 65 países que ofrece apoyo de madre a madre para amamantar plena y felizmente a sus bebés. Se fundó hace más de 50 años y se reconoce internacionalmente como la mayor autoridad en lactancia; tiene categoría de consultora con la UNICEF y mantiene una relación oficial de trabajo con la OMS. Nuestra idea es que no hay mejor lugar para empezar a animar a la lectura que en los brazos de la mamá que arrulla, canta y cuenta cuentos al bebé, en un momento en que está buscando precisamente las herramientas –guías, relatos, poemas, arrullos, ilustraciones– que Catarina Marina puede ofrecer y recomendar.

Otra manera muy importante que tenemos de fomentar la lectura es al llevar libros para vender a las ferias de Cuernavaca y ciudades cercanas (incluidas Cuautla y Tepoztlán), donde a menudo hacemos un donativo de 10% en especie de nuestras ganancias. Hacemos un gran esfuerzo por llevar editoriales independientes y tratar de enseñarle a maestros y niños otras opciones en la literatura. En noviembre y diciembre de 2009, comenzamos con dos ferias del libro; aumentamos la cantidad de ferias cada año (doce en 2010 y diecisiete en 2013); en 2012, fuimos a veinticinco ferias del libro. En tres años, hemos donado más de 30,000 pesos en libros a distintas bibliotecas escolares como resultado de nuestra participación en sus ferias del libro. También tenemos una nueva modalidad: “Feria del Libro de tu escuela en la Catarina Marina”, en la que la librería se pone a la disposición de los padres y se hace un donativo en especie del 15% de las compras que se hacen ese día a las bibliotecas de la escuela.[7]

En estos tres años y medio de trabajo, desafíos y reconocimientos, hemos establecido los cimientos que nos permiten pensar en proyectar más las actividades de fomento a la lectura. Hemos desarrollado buenas vías de comunicación con los recursos económicos mínimos que tenemos, aprovechado al máximo nuestros contactos y nuestra capacidad de establecer nuevas redes y enlaces sociales.

 

“Libros en busca de lectores;

lectores en busca de libros”

 

Un aspecto fundamental para que nuestro proyecto de fomento a la lectura funcione es que la gente se acerque a la librería (de ahí el nuevo slogan que acabamos de registrar: “Libros en busca de lectores; lectores en busca de libros.”) Una de nuestras estrategias principales ha sido llevar la librería a la gente –a las ferias escolares y de la ciudad, a las escuelas– y repartir nuestros separadores, dar charlas, mostrarles nuestros libros, y usar medios de comunicación como Facebook que sirven muy bien para los pequeños negocios con proyectos locales.

Hemos visto la sed que existe por asistir a eventos relacionados con la lectura; los padres buscan orientación, los maestros también; y los niños… los niños buscan libros que les gusten y espacios tranquilos de reflexión e introspección. Si bien los libros en México pueden ser muy caros, procuramos tener una excelente gama de precios para que más gente pueda comprar y regalarlos a sus hijos; esto, aunado a nuestras actividades gratuitas o de precio muy accesible, ha sido una fórmula exitosa para que la gente conozca la librería por medio del “boca a boca”, una de las estrategias más efectivas en esta pequeña ciudad. Esta es un área que buscamos desarrollar más por medio de otras formas de difusión (publicidad impresa, anuncios pagados en redes sociales, etc.), para potenciar el trabajo que hemos hecho y lo que ya tenemos construido.

Convocamos a personas a estos eventos por diversos medios. Aparte de los medios tradicionales como inserciones pagadas en revistas, carteles que colocamos en la ciudad y menciones en la radio y TV, nuestro principal medio es Internet y las redes sociales: tenemos un boletín electrónico enviado semanalmente a nuestra lista de correo de suscripción voluntaria(1,631 personas inscritas a la fecha) en el que informamos a nuestros clientes sobre las actividades en la librería. Estaremos desarrollando más el boletín para incluir breves reseñas y recomendaciones, como una manera de sugerir nuevas lecturas a nuestro público. La librería cuenta también con una página de Internet (www.catarinamarina.com) en desarrollo y un blog (catarinamarina.blogspot.mx) que hasta el momento ha servido principalmentecomo registro de las actividades que se han venido realizando en la librería (talleres, cuentacuentos), y para publicar reseñas escritas por las personas que trabajan en la librería, así como publicar noticias relevantes que tengan que ver con el mundo de la literatura infantil y juvenil. Nos apoyamos mucho en el blog, Twitter y Facebook como medios de difusión, donde también hacemos lo posible por compartir información importante sobre la lectura. Tenemos cerca de 7000 fans y amigos en nuestras dos páginas de Facebook. Más recientemente, hicieron una cápsula de la librería para el programa Itinerario en Once TV (adjuntamos el video en un CD con este documento).

Tenemos comunicación directa con escuelas y bibliotecarias de la zona por medio de correo electrónico o colocación de  carteles; aprovechamos el “boca a boca”, el boletín mensual de la Secretaría de Cultura de Morelos y hacemos separadores con información de la librería que entregamos en cada feria del libro a los niños y padres, y les decimos personalmente cómo llegar y qué ofrecemos.

el futuro próximo

A mediano plazo, nuestro proyecto como librería es seguir desarrollando talleres de creación literaria para niños y jóvenes impartidos por expertos en la materia. Queremos ofrecer más talleres para orientar a los padres y maestros en diferentes métodos eficaces de fomento de la lectura, además de tener más talleres prácticos que acerquen a los niños a comprender mejor al libro infantil como objeto que conjuga la escritura, la ilustración y el diseño editorial. Seguiremos contratando a más artistas locales (cuentacuentos, circo, teatro, música) para así fortalecer el interés de los niños por la narración y acercarlos a diferentes expresiones culturales, e invitaremos a más autores y editores a presentar libros, ofrecer talleres y hacer lecturas de su trabajo, para así acercar a los niños a los creadores y formar otro tipo de vínculo con ellos. Asimismo, seguiremos fomentado vínculos con otros productores culturales locales para generar una red de personas, grupos e instituciones afines a este proyecto, y haremos todo lo posible por aumentar el alcance y difusión de nuestro proyecto para poder acceder a nuevos públicos.

No se puede medir la importancia de estos proyectos tan solo por su éxito o fracaso financiero: la supervivencia de estos espacios también tiene que ver con el reconocimiento de que proporcionan diversidad cultural y comercial a sus comunidades, y que todos nos beneficiamos de una política cultural que los fomente. “Encontrar los libros que uno no sabía que existían, pero que le dan sentido a la vida, que ayudan a vivirla, es algo que rehace la red social, no sólo enriquece espiritualmente al individuo”, dijo el escritor Alberto Ruy Sánchez en ocasión de la promulgación de la Ley de Fomento al Libro en 2008.[8]

¿Seguirá la Catarina Marina surcando los mares en pos de esa misma ilusión? ¿Se tratará de una fata morgana? Solo el tiempo, y los lectores, lo dirán. Por lo pronto, seguiremos haciendo nuestro mejor esfuerzo por que cada niño tenga uno, o dos, o muchos libros en su casa para leer una y otra vez, y que a su vez formen una parte íntima de su historia personal y familiar, para que, como mi hermana y yo, puedan disfrutar de una de las discusiones más sabrosas y fraternales que puede haber.[9]

 

 

 

 

[1]“French-style tax breaks are not the way to save the UK’s small bookshops”, Philip Jones, The Guardian, 8 de febrero de 2012.http://www.guardian.co.uk/commentisfree/2012/feb/08/french-model-tax-breaks-bookshops. Consultado en línea el 20 de mayo de 2012.

[2] “Discurso de Alberto Ruy Sánchez durante la ceremonia de la promulgación de la Ley de Fomento a la Lectura y el Libro”, 23 de julio de 2006, http://www.leydellibro.org.mx/ruysanchez_discurso.shtml. Consultado en línea el 20 de mayo de 2013.

[3]Según la Encuesta Nacional de Lectura 2012, “se encuentra una estrecha relación entre haber recibido como regalo libros por parte de padres y familiares y el gusto por la lectura. Casi cuatro de cada 10 de los entrevistados (39.5%) que recibían frecuentemente libros como regalo declaran que les gusta mucho leer, mientras que entre quienes nunca recibieron libros regalados la proporción es sensiblemente menor (10.4%). Igualmente, sólo 1.5% de quienes recibieron libros con frecuencia declaró que no les gusta la lectura, comparado con 20.2% de quienes nunca recibieron libros de regalo.” Consultada en http://www.miguelcarbonell.com/artman/uploads/1/ENL_2012.pdf.

[4] Richard Bilkey, Fiction et al., http://fictionetal.wordpress.com/2013/01/24/is-the-post-bookstore-world-inevitable-5-ways-bookshops-can-fight-back/

[5] “La industria infantil ya no está en pañales”, El Universal, http://www.eluniversal.com.mx/notas/808285.html. Véase también: La literatura infantil y juvenil se consolida como motor del sector editorial”, El Cultural, http://www.elcultural.es/noticias/LETRAS/502400/La_literatura_infantil_y_juvenil_se_consolida_como_motor_del_sector_editorial, consultado en línea el 20 de mayo de 2013.

[6]Op. cit. Uribe.

[7]Para conocer más sobre las numerosas actividades –que incluyen varias presentaciones de libros y concursos de dibujo– que hemos venido desarrollando en la librería Catarina Marina con mucho esfuerzo, dedicación y entusiasmo, pueden consultar nuestro blog en http://catarinamarina.blogspot.mx/  y nuestras páginas de Facebook en www.facebook.com/libroscatarinamarina y www.facebook.com/catarinamarina.

 

[8]Discurso de Alberto Ruy Sánchez durante la ceremonia de la promulgación de la Ley de Fomento a la Lectura y el Libro, 23 de julio de 2006, http://www.leydellibro.org.mx/ruysanchez_discurso.shtml, consultado el 20 de mayo de 2013.

[9] Otras versiones de segmentos de este texto aparecieron en mi presentación para el Primer Coloquio de Investigación “La Gestión Cultural en México: Reflexiones desde lo Local” en la Universidad Veracruzana hace una semana, el 20 y 21 de junio de 2013, y en una narración en nuestro blog de la librería, todos escritos por mí: http://catarinamarina.blogspot.mx/2009/05/de-skazki-y-otros-cuentos-de-hadas.html

 

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